Sin duda nunca vi sus ojos. No se el color de sus medias, ni la colonia que usaría. Desconozco si padecía de alguna zona de severas cosquillas o si prefiría algún café antes de viajar. No sabías hasta hace unas horas, donde vivía. Que comía, y en que pensaba cuando no miraba el cielo... y nosotros caracoles: preocupados porque nuestros ojos no se enrrozcaran en nosotros mismos y no parecer preocuparnos solo por cada uno, dejando baba de orgullo por donde vivimos o donde vivimos. Fuiste vos, o tu, como tus poemas, que dicen cosas... no inimaginables y no impensables, pero las decis.
¿Cuantos caracoles me pregunto, derrocharan baba de tu nombre, y ni siquiera caparazón tengan para ellos mismos? ¿Cuantos usarán tus ojos?
Miraste alto, y me enseñaste, a pesar, de que no queria aprender. Me enseñaste.
Nunca conocí a el señor Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia, o como le gustaba que le dijeran: Mario.
Honestamente y sin más palabra, no te conocí, pero hoy, te extraño.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Y, pensar que estaba con vos cuando me entere que habia fallecido.
ResponderEliminarEs hermoso esto Juanca.